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viernes, 9 de noviembre de 2018

marear la perdiz

No se puede hablar con seriedad de la despoblación del medio rural obviando la crisis de civilización en la que estamos inmersos.
 
El cambio radical hacia un modelo de producción agraria desarrollista.

 
La despoblación de la geografía rural es un fenómeno tan antiguo como la humanidad. Hace diez mil años, la ciudad de Ur, la primera ciudad conocida, surgida en Mesopotamia, se conformó a partir de la despoblación de las aldeas en las que vivía su población anteriormente. Pero en nuestro tiempo y latitudes, la referencia más próxima fue el gran éxodo de los años 60 del pasado siglo, con el despegue industrial del regimen franquista. Su causa fue el tránsito de un modelo agrario ancestral, campesino-familiar, a un modelo de agricultura, ganadería, selvicultura y horticultura industrial, acorde con la ideología desarrollista que alcanzaría su pleno desarrollo en las décadas posteriores. Luego, cuando hablamos de la despoblación rural hay que referirse necesariamente a ese cambio radical del modelo agrario como causa directa de ese gran éxodo y de la consiguiente despoblación.

La gran ciudad es el modelo de poblamiento propio de la sociedad estatal-capitalista. 

En esta sociedad el modelo campesino de poblamiento disperso es disfuncional y, por tanto,  no le cabe otro destino que su marginalidad y eliminación progresiva. La dinámica productivista del capitalismo agrario, cuya finalidad  es  la acumulación de propiedades y capital para la maximización del beneficio, precisa de la concentración de la propiedad para disponer de grandes superficies productivas, además de la concentración de los centros de transformación y distribución de la producción primaria. La producción a gran escala necesita a su vez de un sistema de distribución que minimice los gastos de transporte y comercialización, por lo que le resulta esencial que la demanda de dichos productos transformados esté lo más concentrada posible. Es así como surgen los polígonos industriales asociados a grandes concentraciones urbanas, en las que resulta más barato hacer llegar las mercancías a los consumidores, lo que permite reducir precios, incrementar el consumo y, por tanto, el crecimiento de las ventas y del beneficio empresarial. Esta es la "racionalidad" de la dinámica productivista del capitalismo, la triunfante racionalidad cuya arrasadora potencia se sustenta en la democratización del consumo. Si éste quebrara, todo el sistema entraría necesariamente en quiebra sistémica.Y ésto, que es válido para la producción agrícola también lo es para todo tipo de mercancías. Las aglomeraciones urbanas son, pues, consustanciales al sistema productivo y mercantil capitalista. La ciudad contemporánea es, antes que nada, funcional al sistema de control social y político que es el Estado y al subsistema productivo de explotación, acumulación y beneficio capitalista. 


El daño y los costes ecológicos son ocultados

La “racionalidad” capitalista obliga a la reducción de costes y uno de los mayores costes es ocultado, me refiero al agotamiento de las tierras y de los recursos energéticos, al forzamiento de los ciclos vegetativos y a la contaminación química de los suelos. Daños y costes ecológicos no son asumidos, sino que son transferidos a la sociedad en general y especialmente a las generaciones futuras, por la merma productiva y por la reparación ambiental que será necesaria en el futuro, que en su mayor parte será irreversible.
La dinámica productiva del capitalismo es necesariamente crecentista, no puede estancarse y mucho menos decrecer, funciona con ignorancia de sus límites, es un sistema ciego. Su expansividad es consustancial, necesita crecer constantemente y eso le exige una ampliación permanente de sus territorios, recursos productivos y mercados. La explotación de los recursos nacionales no le basta, necesita salir de sus fronteras y explotar otros territorios y otros mercados. El neocolonialismo es así resultado de esa racionalidad capitalista: nuevos territorios y nueva mano de obra, mejor cuanto más baratos. La tierra es más barata en los países menos desarrollados y el trabajo también. Hay una etapa previa que ya ha pasado, se trata del abaratamiento del trabajo en los países desarrollados, mediante la masiva incorporación de las mujeres al mercado laboral. Nace así un feminismo secuestrado por esa racionalidad capitalista; agotada esa fase, toca maximizar el beneficio implantando centros productivos en los nuevos territorios colonizados, en los que los costes son muy inferiores y, por tanto, favorecen un extraordinario crecimiento de la tasa de beneficio capitalista, en los mercados de origen y mucho más en los mercados del mundo desarrollado, donde los precios pueden ser reducidos, lo que incrementará notablemente las ventas y el consumo. Esta es la racionalidad de la globalización capitalista.

Siguiente paso “racional”: la crisis demográfica y la utilidad de la emigración.


Siguiendo los favorables efectos de la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo capitalista, similar efecto tendrá la incorporación de baratas masas de emigrantes procedentes de países del tercer mundo, que ya vienen criados y educados; ese gasto, como el ecológico, también es ocultado, es un gigantesco ahorro que tienen los estados capitalistas, un beneficio a añadir a la ganancia capitalista, junto con el abaratamiento general del trabajo “nacional” que supone la llegada masiva de emigrantes “baratos”. La pobreza y la guerra inducida son los estímulos al éxodo masivo, a muy poca gente le gusta perder sus vínculos familiares, sociales y territoriales, es un éxodo forzado, provocado mediante la generalización de la guerra estatal-capitalista en todas sus manifestaciones: comercial, militar, cultural, política, etc
Es una maniobra terminal, en la que se agotan las posibilidades de seguir manteniendo la tasa de beneficio, porque se agotan los recursos productivos y se agotan los recursos humanos baratos, como consecuencia de una descomunal e irreversible crisis demográfica (la tasa de reposición generacional ya es negativa, no sólo en los países desarrollados del occidente capitalista, también en las grandes reservas demográficas de Asia y Sudamérica). El Africa subsahariano es la última reserva demográfica. Pero la importación de emigrantes es una maniobra delicada, que los estados capitalistas abordan con tiento, bien planificada, porque no pueden las democracias capitalistas parecer “inhumanas”, ya que su mantenimiento depende de la conformidad, complicidad y sumisión de las masas trabajadoras-consumidoras; la emigración no puede parecer un mercadeo de personas al viejo modo esclavista, hay que guardar las formas. En esa operación estamos, vistiendo de humanismo el tráfico de emigrantes; y para ello se cuenta con la valiosa colaboración de una parte de la sociedad, la más descerebrada, el fascismo, nutrida por la otrora tradicional clientela proletaria de los partidos y sindicatos marxistas. Su brutalidad contra la emigración que “le roba el trabajo” hace rebrotar los más oscuros instintos xenófobos y racistas, al tiempo que provoca la reacción “humanitarista” de la otra mitad de la población, ganada para la causa “antifascista” que promueven las mismas democracias capitalistas que simultáneamente provocan las migraciones masivas y el auge del neofascismo. No es la primera vez que ésto sucede, ya se dio con la gran crisis capitalista del 29, ya tuvo lugar una guerra mundial en la que se dirimió la utilidad del fascismo para la causa del sistema estatal-capitalista. La política democrática es la modalidad “civilizada” de esa guerra generalizada, se trata de extender la confrontación y la competencia a todos los ámbitos de la existencia, que sea la única opción “racional”, por razón de supervivencia, de intereses e identidades irreconciliables. Se trata de alentar y alimentar la lucha de clases de manera permanente, para que sea una instancia superior, el Estado, quien administre la “racionalidad” de la que son incapaces tanto los individuos como las masas. 
Un daño previo y superior.

Hay otro daño oculto, superior y previo a los ya mencionados; es la destrucción de la libertad de conciencia, del sujeto individual, responsable y consciente. Y a esta destrucción está asociada la del ideal humano de vida convivencial y comunitaria. Sin ese sujeto la comunidad es imposible, sólo puede darse en modo sucedáneo, como lo hace el Estado, en modo de ficticias comunidades “nacionales”, en las que lo único común es el propio artefacto estatal y la sumisión de las gentes (ciudadanía) a su racionalidad propietaria, consumista, capitalista. La reconstrucción de ese sujeto individual, autónomo y comunitario, que fuera representado durante siglos por el campesinado -hoy ya ¿definitivamente? aniquilado-, es condición necesaria para restaurar el ideal de convivencialidad. La destrucción de ese sujeto es el daño mayor y previo, el que ha hecho posible todos los demás daños infringidos contra el conjunto de la especie humana y contra el planeta vivo del que somos parte.
Por contra, el individuo producto de la civilización capitalista es un irresponsable convencido, alguien al que se ha liberado de la carga moral que supone hacerse responsable de sí mismo y corresponsable de la comunidad y el territorio en el que vive. Es un delegador enfermizo que, a cambio de su autonomía-libertad perdida, exige “derechos” en forma de servicios y consumo compulsivo; su moral no es diferente a la de las élites burguesas a las que sigue, vota, critica, emula y envidia, su ideal de vida es el mismo de esas élites: vivir sin necesidad de trabajar, que otros lo hagan en su lugar, porque no quiere ser menos, porque su ideal de vida es llegar a ser feliz, un parásito feliz.
Así que hablar de la necesidad de servicios e infraestructuras en el medio rural, hablar de conectividad a internet, de emprendimiento y economía circular...es marear la misma y antigua perdiz, no deja de ser entretenido, pero no sirve para nada más. 



jueves, 8 de noviembre de 2018

"¿Qué sería la vida si no tuviéramos el valor de intentar cosas nuevas?"



"Hay aire y sol, hay nubes. Allá arriba un cielo azul y detrás de él tal vez haya canciones; tal vez mejores voces... Hay esperanza, en suma. Hay esperanza para nosotros, contra nuestro pesar".
Juan Rulfo


“La lluvia tiene un vago secreto de ternura, algo de soñolencia resignada y amable. Una música humilde se despierta con ella que hace vibrar el alma dormida del paisaje.“
Federico García Lorca




Y estoy contenta de mí misma



por hacerlo,
por volver a leer lo escrito
y que me guste.
A veces creo que soy
como me gustaría ser.
Exactamente así.
A veces siento
que los que me quieren
me quieren de verdad,
por mí misma,
por mis defectos,
conociéndome
y aún queriéndome.
Y me lo creo todo
y soy feliz
algo así como tres
o cuatro minutos".

"En medio del odio, me pareció que había dentro de mi, un amor invencible. En medio de las lágrimas, me pareció que había dentro de mi, una sonrisa invencible. En medio del caos, me pareció que había dentro de mi, una calma invencible.
Me di cuenta a pesar de todo que, en medio del invierno, había dentro de mi un verano invencible. Y eso me hace Feliz. Porque no importa lo duro que el mundo empuje en mi contra, dentro de mi, hay algo más fuerte, algo mejor, empujando de vuelta".
Albert Camus, El verano.

"A veces escribo de puta
madre.
Y estoy contenta de mí misma
por hacerlo,
por volver a leer lo escrito
y que me guste.
A veces creo que soy
como me gustaría ser.
Exactamente así.
A veces siento
que los que me quieren
me quieren de verdad,
por mí misma,
por mis defectos,
conociéndome
y aún queriéndome.
Y me lo creo todo
y soy feliz
algo así como tres
o cuatro minutos".
Mercedes Castro Díaz, Felicidad


"Un tiempo vendrá en el que, a pesar de todos los sufrimientos, seremos ligeros, alegres y auténticos."
Albert Camus a María Casares, 26 de febrero de 1950.


"Te me apareciste como un último salvavidas lanzado en medio de una vida que a partir de entonces estaba vacía. Me agarré a él con todas mis fuerzas y voluntariamente cerré los ojos a todo lo que podía poner en peligro esta última esperanza".
María Casares a Albert Camus


"Creo que la gente y la sociedad es buena. La clave está en dónde proyectas tu energía. Puedes posicionarte donde está la bondad, que sí, existe, o puedes pensar que no hay bondad en la sociedad y que debemos acabar con todo. Hay bondad hasta en los círculos más corruptos y reaccionarios. Creo que el hombre puede cambiar y que las cosas pueden cambiar. Se trata de cómo queremos que cambien las cosas".
Leonard Cohen

"A veces uno sabe de qué lado estar simplemente viendo quiénes están del otro lado".
Leonard Cohen

"—Pero entonces, ¿qué te consuela?
—La certeza de mi libertad interior —respondió Maurice tras un instante de reflexión—, que es un bien precioso e inalterable, y de que conservarlo o perderlo sólo depende de mí. De que las pasiones llevadas hasta el extremo, como ahora, acaban por apagarse. De que lo que ha tenido un comienzo tendrá un final. En una palabra, de que las catástrofes pasan y hay que procurar no pasar antes de ellas, eso es todo. Así que lo primero es vivir: Primum vivire. Día a día. Vivir, esperar, confiar".
"Suite francesa", Irène Némirovsky


"¿Qué sería la vida si no tuviéramos el valor de intentar cosas nuevas?"
Vincent Van Gogh

"Quisiera tener un jardín, una casita, hierba, animales, libros, cuadros, música. Y sacar de todo esto lo que quiero escribir; expresar todas estas cosas... Quiero vivir la vida cálida, anhelante, viva, tener raíces en la vida, aprender, desear, saber, sentir, pensar, actuar, eso es lo que quiero, a donde debo tratar de llegar".
Katherine Mansfield




lunes, 5 de noviembre de 2018

Me cansé de lo mismo .


Una persona cambia por tres razones: aprendió demasiado, sufrió lo suficiente o se cansó de lo mismo.

Hay much@s luchador@s inasequibles al desaliento. Yo no soy una de ell@s. No pasa nada. Es bueno conocer tus propios límites. Haciendo balance sobre mi tarea ( autoimpuesta por mis valores y principios ) de informar con mirada crítica sobre lo que acontece o deja de acontecer en el pueblo donde nací y paso la mayor parte de mi tiempo sufriendo las consecuencias negativas que ello conlleva y también disfrutando las consecuencias positivas que también las hay....





Haciendo ese balance, me doy cuenta que ya cerré por varios motivos el blog Moranchelia que empecé a escribir allá por el año 2008 .Luego pensé que quizá  dar una segunda oportunidad no estaba mal...y creé Moranchel city con muchas ganas e ilusión y  en 2016 cerré de nuevo esa página por el mismo motivo.Y como no hay 2 tropiezos sin un tercero ( y dicen que va la vencida )  en 2015 retomé en menor medida e intensidad la labor de seguir informando sobre mi pueblo en  agua de miel. Y de nuevo,  a estas alturas, me vuelvo a hacer las mismas preguntas :

 ¿Qué necesidad tengo yo de sacar los colores a los responsables de la dejadez y abandono del pueblo? ,¿ Qué necesidad tengo yo de poner las cosas negro sobre blanco y llamar al pan, pan y al vino, vino ?, ¿En qué hora me metí en este marrón?, ¿Porqué nadie avisa de que ser alcalde o alcaldesa en un pueblo  requiere un compromiso , una responsabilidad, una seriedad , un rigor ?, ¿Cuándo tendremos en la Eatim de Moranchel un concejal de oposición normal que haga su labor y un equipo de gobierno serio , responsable  , que haga uso de la transparencia y de informar a los vecin@s con honestidad ? , ¿ Cuándo dejará de existir la Ley del embudo ?, ¿ Cuándo serán el 50% de @s  vecin@s e hij@s del pueblo personas comprometid@s , implicad@s ,colaboradores , con espíritu crítico capaces de exigir derechos y que se cumplan las normas y las leyes a cara descubierta  y  con la mayor normalidad ? ,¿Qué yo informe o deje de informar cambiará algo esta realidad ?


 Lo que ves a tu alrededor te  encamina en otra dirección y te lleva a cuestionar lo que crees y sientes. Si hablas porque hablas, si callas porque callas…  no hay  forma de acertar. Pero luego me doy cuenta de que todo está similar en pueblos y ciudades... ...y se me pasa el disgusto y las ganas de seguir informando.Y pienso que el SILENCIO es la mejor opción a estas alturas.

No quiero ser parte de ese círculo perverso. Nunca fui así y no lo seré.






Y os dejo la carta de un profesor de Universidad uruguayo se titula: Me cansé...me rindo.


Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez.


No dictaré clases allí el semestre que viene y no sé si volveré algún
día a dictar clases en una licenciatura en periodismo.
Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook.  Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla.


Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante
muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa
de recibir selfies.

Claro, es cierto, no todos son así.
Pero cada vez son más.

Hasta hace tres o cuatro años la exhortación a dejar el teléfono de
lado durante 90 minutos –aunque más no fuera para no ser maleducados–
todavía tenía algún efecto. Ya no. Puede ser que sea yo, que me haya
desgastado demasiado en el combate. O que esté haciendo algo mal. Pero
hay algo cierto: muchos de estos chicos no tienen conciencia de lo
ofensivo e hiriente que es lo que hacen.

Además, cada vez es más difícil explicar cómo funciona el periodismo
ante gente que no lo consume ni le ve sentido a estar informado.

Esta semana en clase salió el tema Venezuela. Solo una estudiante en
20 pudo decir lo básico del conflicto. Lo muy básico. El resto no
tenía ni la más mínima idea. Les pregunté si sabían qué uruguayo
estaba en medio de esa tormenta. Obviamente, ninguno sabía. Les
pregunté si conocían quién es Almagro. Silencio. A las cansadas, desde
el fondo del salón, una única chica balbuceó: ¿no era el canciller?

¿Saben quién es Vargas Llosa? ¡Sí!
¿Alguno leyó alguno de sus libros? No, ninguno.





Haberkorn lamenta que los jóvenes no pueden dejar el celular, ni aun en clase (Shutterstock)

Conectar a gente tan desinformada con el periodismo es complicado. Es
como enseñar botánica a alguien que viene de un planeta donde no
existen los vegetales.

Que la incultura, el desinterés y la ajenidad no les nacieron solos.
Que les fueron matando la curiosidad y que, con cada maestra que dejó
de corregirles las faltas de ortografía, les enseñaron que todo da más
o menos lo mismo.

No quiero ser parte de ese círculo perverso.
Nunca fui así y no lo seré.

Lo que hago, siempre me gustó hacerlo bien. Lo mejor posible.
Justamente, porque creo en la excelencia, todos los años llevo a clase
grandes ejemplos del periodismo, esos que le encienden el alma incluso
a un témpano.

Este año, proyectando la película 'El Informante', sobre
dos héroes del periodismo y de la vida, vi a gente dormirse en el
salón y a otros chateando en WhatsApp o Facebook.

¡Yo la vi más de 200 veces y todavía hay escenas donde tengo que
aguantarme las lágrimas!

También les llevé la entrevista de Oriana Fallaci a Galtieri. Toda la
vida resultó. Ahora se te va una clase entera en preparar el ambiente:
primero tenés que contarles quién era Galtieri, qué fue la guerra de
las Malvinas, en qué momento histórico la corajuda periodista italiana
se sentó frente al dictador.

Les expliqué todo. Les pasé el video de la Plaza de Mayo repleta de
una multitud enloquecida vivando a Galtieri, cuando dijo: "¡Si quieren
venir, que vengan! ¡Les presentaremos batalla!".

Normalmente, a esta altura, todos los años ya había conseguido que la
mayor parte de la clase siguiera el asunto con fascinación.

Este año no. Caras absortas. Desinterés. Un pibe despatarrado mirando
su Facebook. Todo el año estuvo igual.

Llegamos a la entrevista. Leímos los fragmentos más duros e inolvidables.
Silencio.
Silencio.
Silencio.
Ellos querían que terminara la clase.
Yo también.



Hay dos tipos de silencio...los que callan porque no sienten nada y los que no dicen nada porque lo sienten todo.