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sábado, 21 de noviembre de 2020

la tumba de Tolstoi

No he visto en Rusia nada más grandioso e impresionante que la tumba de Tolstoi. Ese augusto monumento, venerable centro de peregrinación de las generaciones futuras, queda desplazado y solo, sombreado en el bosque. Un sendero estrecho, que discurre sin aparente plan entre claros y maleza, conduce a este túmulo, que no es otra cosa que un pequeño rectángulo amontonado de tierra, que nadie vigila ni ampara, a la sombra única de unos pocos grandes árboles. Y esos árboles descollantes, mecidos suavemente por el viento del temprano otoño, fueron plantados por el mismo León Tolstoi, según me refiere su nieta. Su hermano Nicolás y él habían oído, cuando niños, de boca de alguna ama o aldeana, la antigua conseja de que allí donde se plantan árboles se constituye un lugar de felicidad. Y por eso, jugando, habían hincado por las buenas en la tierra unos cuantos renuevos en determinados lugares y no habían tardado en olvidar este juego de niños. Sólo al cabo de mucho tiempo se acordó Tolstoi de aquella anécdota infantil y del extraño augurio de felicidad, que se presentó de repente al hombre fatigado de la vida como provisto de un significado nuevo y más bello. E inmediatamente expresó su deseo de ser enterrado bajo aquellos árboles plantados por él mismo.

Se cumplió puntualmente esta voluntad de Tolstoi, y aquel lugar pasó a ser la tumba más bella, impresionante y triunfal del mundo. Un pequeño túmulo rectangular en medio del bosque, recubierto de flores –nulla crux, nulla corona–, sin cruz, ni lápida, ni inscripción, y ni siquiera el nombre: “Tolstoi”. El gran hombre está enterrado en el anonimato; el que sufría como ninguno bajo el peso de su nombre y fama, enterrado como cualquier vagabundo hallado por casualidad. A nadie se impide el acceso a su último lugar de descanso; la débil cerca que lo rodea no está cerrada: nada protege el descanso de León Tolstoi sino el respeto de los hombres, que, en otros casos, se complacen en turbar con su curiosidad las tumbas de los grandes. Pero aquí justamente la irrefutable sencillez proscribe la desatada curiosidad e impone hablar en voz baja. El viento susurra en los árboles que cobijan la tumba del anónimo; el sol juguetea sobre ella; la nieve pone en invierno su tierna nota de blancor sobre la tierra oscura, y se podría transitar por aquí, verano e invierno, sin advertir que ese pequeño rectángulo prominente  acogió en su seno la parte terrena de uno de los hombres más poderosos de nuestro mundo. Mas precisamente ese anonimato conmueve más que todos los mármoles y pompas posibles: de los centenares de personas de hoy, este día excepcional, ha atraído hacia su rincón de descanso, ninguno ha tenido el atrevimiento de tomar como recuerdo ni una sola flor del oscuro túmulo. Nada de este mundo resulta más monumental –eso se experimenta de continuo– que la suprema sencillez. Ni la cripta de Napoleón bajo los mármoles de los Inválidos, ni el sepulcro de Goethe en la tumba principesca de Weimar, ni el sarcófago de Shakespeare en la abadía de Westminster impresionan a su vista una y otra vez las fibras más humanas del hombre como esa conmovedora tumba anónima perdida en el bosque, con su solemne silencio, en la que sólo susurra el viento y que está desprovista de todo aviso y palabra.

Stefan Zweig
Hombre, libros y ciudades

Foto: Tumba de León Tolstoi
Yásnaia Poliana, Rusia

sis solos soles

 Con la programación liceísta pausada a causa de las restricciones a las que obliga la pandemia, el Liceu optó por estrenar el domingo, pregrabados y gratis en su canal de YouTube, los seis monodramas que conforman el proyecto 'Sis solos soles'. La iniciativa, un nuevo impulso a la creación lírica actual de Òpera de Butxaca i Nova Creació (ÒBNC), era un encargo a seis compositores y a otros tantos libretistas de seis en las que se revisan diferentes momentos en la vida de la mujer. Las obras contaron con la dirección musical de Francesc Prat y la dirección de escena, en diferentes ámbitos del Gran Teatre, de Marc Rosich, responsable artístico de ÒBNC. Así pudo ver la luz un proyecto cancelado a pocos días del estreno previsto el pasado 1 de noviembre, uno de los pocos espectáculos con intérpretes del país del curso liceísta. 

El 'streaming' optó por la emisión de cada miniópera de manera independiente; el espectador puede verlas (accesibles hasta el domingo 22) por orden numérico o aleatoriamente. Se añoraron los subtítulos, ya que más de un libreto resultó ininteligible. La cámara al hombro tipo Dogma 95 y los encuadres casi improvisados no contribuyen al mejor visionado, pero sí a dotar a cada obra de un lenguaje austero y directo. En muchos momentos, eso sí, la iluminación dejó claro que necesitaba un apoyo expreso para la cámara.


No cabe duda que el monólogo que se lleva la palma es el último de todos, titulado Per precaució. Hay compositores que, más allá de su calidad musical, tienen instinto teatral y Raquel García-Tomás es uno de ellos. La obra, con texto de Victòria Szpunberg, se centra en los últimos días de una mujer anciana que solo encuentra consuelo en el mundo de los recuerdos que la compositora plasma con una capacidad poética hipnótica apoyada por dos intérpretes en estado de gracia. La veterana soprano Maria Dolors Aldea encuentra aquí el papel de su vida, desgranando el texto con una simplicidad y profundidad conmovedora. Cada mirada y cada gesto muestran una sabiduría y una fusión con el personaje extraordinarias. A su lado, el arpista José Antonio Domené se confirma como uno de los mejores de su instrumento en la actualidad; apoyándose en la creatividad de García-Tomás, convierte su arpa en una auténtica orquesta, con una paleta cromática de apabullante amplitud. Un monólogo, éste, que probablemente tendrá amplio recorrido.

Es de justicia cerrar este comentario resaltando dos aspectos: por un lado, una mención a Òpera de Butxaca i Nova Creació, que coproduce el espectáculo y que desde hace 25 años se ha convertido en un motor decisivo en la creación operística contemporánea de nuestro país. Y por otro subrayar la importancia de una iniciativa como ésta y felicitar a sus responsables. El Liceu, como todas las grandes instituciones musicales del país, deben contribuir a la promoción y la difusión de la obra de los creadores e intérpretes locales. Proyectos como Sis Solos Soles son, no solo un ejemplo de compromiso sino también el camino a seguir.

* Los vídeos que se insertan en esta crítica estarán disponibles en el Canal YouTube del Gran Teatre del Liceu solo hasta el 22 de noviembre.

De auténtico tour de force hay que calificar lo que hace la mezzo Lídia Vinyes-Curtis en el monólogo Cállate, con música de Francesc Prat quien, además, es el director musical de toda la propuesta. Este único monólogo en lengua castellana está escrito para voz a cappella. El único acompañamiento que tiene esta mujer al borde del suicidio es el silencio, que se acaba erigiendo en contrapunto de la voz. La cantante se entrega con convicción y medios a una línea vocal expresiva solo por momentos y un texto disperso y plagado de lugares comunes a cargo de Oriol Pla.
Más interesante en conjunto resultó No és res urgent, que aportó un toque de humor negro y desesperado. La obra de Agustí Charles remite claramente a La voix humaine, pues la protagonista trata de contactar en vano con un amante que jamás llegará a ponerse al teléfono. El autor propone un diálogo entre el violín, interpretado por Marc Charles y que, a modo cuasi wagneriano, es donde radican los verdaderos sentimientos de la protagonista, y la soprano que se engaña permanentemente. Ambos intérpretes rinden a gran nivel, destacando ese animal escénico que es María Hinojosa, capaz de traducir con convicción cualquier reto. La obra, con momentos dramáticos y otros hilarantes, encuentra su mayor hándicap en el parco desarrollo de la situación dramática y en un mensaje que acaba siendo repetitivo.
De auténtico tour de force hay que calificar lo que hace la mezzo Lídia Vinyes-Curtis en el monólogo Cállate, con música de Francesc Prat quien, además, es el director musical de toda la propuesta. Este único monólogo en lengua castellana está escrito para voz a cappella. El único acompañamiento que tiene esta mujer al borde del suicidio es el silencio, que se acaba erigiendo en contrapunto de la voz. La cantante se entrega con convicción y medios a una línea vocal expresiva solo por momentos y un texto disperso y plagado de lugares comunes a cargo de Oriol Pla.


Muy esperada era la aportación de Joan Magrané quien, a través de un libreto de Helena Tornero, narra una dramática historia de abusos e incesto. Como único espacio escénico, una escalera que lleva al sótano donde tuvo lugar la tragedia. Elena Copons, que ya había colaborado con Magrané en una ópera anterior, disPLACE, encarna con dramatismo a la víctima de esta Dànae recorda acompañada por una espectacular Judit Bardolet al violín. Precisamente el virtuosismo y dramatismo en la escritura de la parte de violín contrasta con una poco estimulante propuesta vocal que tiende a utilizar más el parlato que el canto, llevando la obra al género del melodrama.

Voraç bellesa, con música de Lucas Peire y libreto de Cristina Cordero, pretende ser hilarante y servirse de un humor surrealista retratando las peripecias musicales, gastronómicas y sexuales de una soprano al final de su carrera. Una propuesta corta de vuelo tanto musical como teatral. Desde un punto de vista musical juega a la metaópera, con referencias a famosos títulos operísticos interpretados por esta decadente y neurótica cantante interpretada con histrionismo por Marta Fiol. Le acompaña, al violonchelo, un involucrado Àlex Rodríguez Flaqué.


sábado, 16 de mayo de 2020

El espíritu de los pueblos por Natalia Díaz

Destaco 2 fragmentos del artículo de nuestra amiga Natalia:

 Uno habla de la solidaridad entre vecinxs en los pueblos que es real y habitual el hoy por ti , mañana por mi ( ¿solidaridad egoísta ?) .También es real lo contrario, que tus propios vecinxs te arruinen la vida negándote el pan y el agua e incluso en algunxs casos obligando a marchar , no solo se marcha la gente de los pueblos buscando una vida mejor también a veces la echan o le hacen la vida imposible para vivir en paz. ."Por supuesto, no somos comunidades perfectas; lo mejor y lo peor de nosotros también conviven en el ámbito rural".
El otro habla de la mirada urbano-centrista.Estoy cansada de observar y sufrir las consecuencias de esa mirada que pocas veces piensa en las personas que vivimos en los pueblos y cuyas necesidades, prioridades y estilo de vida son  diferentes a los  de la ciudad, por lo tanto , necesitamos ser tratados de acorde a ello.Los despachos y administraciones que toman decisiones sobre las vidas de todos , casi nunca toman en serio o tienen en cuenta la realidad de los pueblos. Estamos olvidados y abandonados desde hace muchos años , excepto para pagar impuestos igual que en la ciudad.
Fragmentos del artículo:
1 -Precisamente son las carencias sociales que tenemos en las zonas tan despobladas de nuestro territorio las que en el día a día nos sacan esa parte mejor: ofrecer el traslado en nuestro coche al vecino que no puede desplazarse, a falta de servicio de transporte público; comprobar que los mayores que viven solos tienen buena salud, porque el médico o asistente sanitario viene una vez a la semana; o cada dos. Organizar actividades lúdicas para los niños dispersos aquí y allá, para que ellos también tengan su actividad extraescolar en el medio de la nada. Preocuparnos por la cosecha del vecino porque granizó, ofrecer ayuda para recoger la fruta porque ya duelen esos huesos; juntarnos a festejar el fin de la vendimia con un chato en las cuevas...
2-Miradnos más allá de vuestra mirada urbano-centrista. Poneos en nuestro lugar. Cuando vengáis a visitarnos, apreciad el paisaje, las costumbres, el patrimonio, sí. Pero entended que nuestro patrimonio intangible incluye unos valores que apreciamos y conservamos. Que queremos que sean de todos. Que somos ciudadanía, aunque seamos rurales, y pedimos que os unáis a nosotros cuando exigimos que se nos reconozca como ciudadanía española con todos los derechos sociales asignados. Miradnos. Hay un espíritu en los pueblos que ningún virus nos va a quitar. Queremos compartirlo. Y queremos que, en esta lucha y defensa del territorio, vosotros también estéis presentes.

Gracias Natalia , por escribir sobre el campo y los pueblos.Gracias por hacernos visibles.Existimos, resistimos.


viernes, 15 de mayo de 2020

Federico García Lorca

El discurso que Federico García Lorca pronunció en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal



Era septiembre del año 1931 en Fuente Vaqueros, Granada, el lugar que había visto nacer al poeta 33 años antes.

A pesar de quedar lejano, la esencia de este dicurso y su amor por los libros y la cultura sigue vigente a día de hoy. Cinco años más tarde, García Lorca moría fusilado, pero su legado nos quedaba para siempre. Estas son las palabras que Federico pronunció para sus vecinos:

"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí.
'Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre', piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.



Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz. No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro.



Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?




Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor', y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!'.

Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura'. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz. Y no olvidéis que lo primero de todo es la luz.
Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor', y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!'.

Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura'. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz. Y no olvidéis que lo primero de todo es la luz.
Porque contra el libro no valen persecuciones. Ni los ejércitos, ni el oro, ni las llamas pueden contra ellos; porque podéis hacer desaparecer una obra, pero no podéis cortar las cabezas que han aprendido de ella porque son miles, y si son pocas ignoráis dónde están.



Por primera vez en su corta historia tiene este pueblo un principio de biblioteca. Lo importante es poner la primera piedra porque yo y todos ayudaremos para que se levante el edificio.

Esta biblioteca tiene que cumplir un fin social, porque si se cuida y se alienta el número de lectores, y poco a poco se va enriqueciendo con obras, dentro de unos años ya se notará en el pueblo, y esto no lo dudéis, un mayor nivel de cultura.
Os he explicado a grandes trazos el trabajo que ha costado al hombre llegar a hacer libros para ponerlos en todas las manos. Que esta modesta y pequeña lección sirva para que los améis y los busquéis como amigos. Porque los hombres se mueren y ellos quedan más vivos cada día, porque los árboles se marchitan y ellos están eternamente verdes y porque en todo momento y en toda hora se abren para responder a una pregunta o prodigar un consuelo.

Que esta biblioteca sirva de paz, inquietud espiritual y alegría en este precioso pueblo donde tengo la honra de haber nacido, y no olvidéis este precioso refrán que escribió un crítico francés del siglo XXI: «Dime qué lees y te diré quién eres»."

Así sea.